Sexting en adolescentes: ¿qué es y cuáles son sus riesgos?



Según un estudio publicado en 2018 en la revista científica JAMA Pediatrics, que analizó más de 110.000 casos de adolescentes a nivel mundial, en los últimos años se ha generado una marcada alza entre los jóvenes que realizan sexting. Esta práctica, incluye una serie de comportamientos, pero ha sido definida por la organización Planned Parenthood como la transmisión a través del celular o computador de mensajes o imágenes de contenido sexual. Según esta definición, el sexting suele ser una práctica inofensiva usada por jóvenes y adultos para demostrar interés en una pareja pero que, muchas veces, quienes envían este tipo de contenidos no miden las consecuencias que puede tener este tipo de comunicaciones.

“El sexting, envío de nudes o packs –selecciones de fotos de connotación sexual– conllevan riesgos de los cuales tenemos que estar al tanto”, explica Valentina Arriagada, socióloga de Fundación Genera, dedicada a promover planes de sexualidad, afectividad y género al interior de colegios. “Se podría pensar que como no implica contacto físico no hay ningún riesgo, pero la verdad es que el mundo virtual contiene sus propias violencias que pueden ser igual de peligrosas que las presenciales, desencadenando múltiples consecuencias en una o un adolescente”. Valentina explica que es crucial que los adolescentes estén informados y educados acerca de cuáles son las prácticas seguras con relación a las comunicaciones digitales.

De acuerdo con las cifras recogidas por el estudio realizado en 2018, entre los adolescentes (menores de 18) un 27,4% ha recibido mensajes de contenido sexual y 14,8% reconoce haberlos enviado. El sexting incluye la transmisión de imágenes y no solo texto, y dada la contingencia solo se espera que estos números escalen aún más durante el 2020, porque son la alternativa disponible para los más jóvenes que han perdido gran parte de su independencia producto de las restricciones al tránsito y movilidad de las personas durante la pandemia. “Si antes de la pandemia los adolescentes ya estaban utilizando las redes sociales como medio para compartir y experimentar encuentros sexuales, ahora es muy probable que esta práctica aumente debido a la imposibilidad de mantener un contacto físico”, aclara Valentina Arriagada.

El estudio, además, mostró que un 12% de los jóvenes ha enviado sexts sin que se los pidan y 8,4% los ha recibido sin su consentimiento. Esto, según los especialistas, son dos de los escenarios más problemáticos que pueden darse en el mundo virtual. “El riesgo principal que podemos identificar es la pornografía no consentida, es decir, creación, distribución o amenaza de difundir contenido privado sexualmente explícito, sin consentimiento de la víctima”, aclara Valentina Arriagada. De este último concepto, la experta explica que se desprenden varios que aluden a diferentes tipos de peligros o violencias: el ciberbullying o ciberacoso, que es el acoso y hostigamiento que puede producirse entre pares en un ciberespacio si se comparten entre más personas los contenidos del sexting que estaban destinados para un receptor en específico. La sextorsión, es decir, el chantaje utilizando el material que la propia víctima generó en un contexto de sexting y que luego se usa para obtener un beneficio. Y finalmente la pornovenganza, que consiste en la difusión online de contenido audiovisual. “Por lo general, lo realizan las parejas, ex parejas o personas que quieren vengarse después de una ruptura amorosa o pelea”, explica Valentina.

La psicóloga clínica especialista en adolescencia, Carola Sances, explica que si bien la práctica del sexting durante la pubertad es una forma de exploración y experimentación sexual cada vez más utilizada que no implica riesgos en cuanto a embarazo y transmisión de ITS, sí está asociada a otros riesgos para la salud mental de los jóvenes. “Las imágenes o comunicaciones que se envían durante el sexting se hacen en un contexto generalmente de una relación, confiando en que el otro no las difundirá”, explica la especialista. “Y eso lleva a que no se dimensiona la magnitud de los riesgos de hacerlo, sin considerar que las imágenes pueden volverse públicas tras un quiebre en la relación de pareja o si alguien ajeno las descubre y las difunde, pudiendo caer en manos equivocadas y perdiendo totalmente el control de su imagen”.