¿Qué son las burbujas sociales?


Allá por mayo varios países que empezaban a tener mejores datos decidieron luchar contra el coronavirus con otra herramienta: las llamadas burbujas sociales. Nueva Zelanda, Canadá o Bélgica apostaron por esta fórmula, que reduce las interacciones entre personas pero, por eso justo, garantiza una detección rápida de focos.

¿En qué consiste, en realidad?

El objetivo de las burbujas es impedir el contagio comunitario, tan difícil de manejar. Lo que hacen los Gobiernos es autorizar un círculo de contactos para cada familia, que se pueden ir haciendo más grandes o más pequeños, en función de la evolución de los datos. De esta forma, se veta el contacto general que tenemos ahora, pero se autoriza un círculo social estable, más amplio que el de la propia vivienda, lo que permite que se vean hijos con padres, nietos con abuelos, amigos con amigos, cuidadores con cuidados...

“La gente debe continuar dentro de la burbuja de su hogar en la medida de lo posible, pero puede expandirla para reconectarse con su familia extendida, o para traer cuidadores, o para ayudar a personas aisladas, siempre y cuando todos vivan en el mismo pueblo o ciudad”, explicaron las autoridades de Nueva Zelanda, que no impusieron límite de miembros por burbuja, mientras que en otros lugares osciló entre cinco y 10 personas.

Es una de las desventajas de este método: que los grupos deben residir en el mismo lugar y que los contactos deben ser reducidos a grupos que también vivan bajo un mismo techo, una elección recíproca. Esto es: no es que unos padres puedan elegir ver a un abuelo o al otro, o a un amigo del trabajo o a un amigo del gimnasio, y los niños puedan añadir a sus amigos favoritos. Debe hacerse una apuesta por otra familia que igualmente elija a la tuya. Lo habitual es que los menores de 12 años no cuenten a la hora de hacer las sumas y que los grupos se puedan cambiar cada cuatro semanas.

Alivio psicológico y buen control

Las ventajas, pese a todo, son importantes: los Ejecutivos de estos países y territorios (Escocia también se sumó) han desvelado que, combinada con otras medidas, ésta es “positiva”, “ayuda a reducir casos”, “es especialmente válida a la hora de atajar un brote” por la información que se tiene de cada burbuja, y “ayuda a concienciar del problema” sin dejar entre cuatro pareces a los ciudadanos.

Este contrato social aporta un notable alivio psicológico, por evitar el encierro, pues implica movilidad, traslado, salidas y, sobre todo, contacto humano, tan esencial como es. “Peleamos contra la soledad, el aislamiento y el aburrimiento, pero con seguridad”, dijo un portavoz del Gobierno belga.

Pero cumplir con las burbujas implica, además, que siempre se mantengan las mismas relaciones; que no se hagan excepciones dando entrada a una o dos personas extra, ni en momentos concretos (cada persona adicional es un riesgo añadido); y que los hábitos de higiene y prudencia se mantengan, sin bajar la guardia ni con los más cercanos.

Al final, siempre hay una máxima esencial: que se respeten las normas y no hagamos trampas.