La sangre del cangrejo herradura es clave para crear una vacuna contra el COVID-19


Cada primavera, guiados por la luna llena, cientos de miles de cangrejos herradura recorren las playas del Atlántico estadounidense para poner sus huevos. Para las aves hambrientas, es una cornucopia. Para las farmacéuticas, es un recurso crucial para garantizar la seguridad de las medicinas humanas.

Esto se debe a que la sangre azul de estos crustáceos proporciona la única fuente natural conocida de lisado de amebocitos de Limulus, una sustancia que detecta un contaminante denominado endotoxina. Si una cantidad ínfima de endotoxina —un tipo de bacteria— llega a las vacunas, los medicamentos inyectables o prótesis estériles como las rodillas o las caderas artificiales, los resultados pueden ser mortales.

"Todas las empresas farmacéuticas del mundo dependen de estos cangrejos. Si lo piensas, es increíble lo mucho que dependemos de esta criatura primitiva", afirma Barbara Brummer, directora estatal de The Nature Conservancy en Nueva Jersey.

Cada año, las farmacéuticas capturan hasta medio millón de cangrejos herradura, los sangran y los devuelven al mar, donde muchos pueden morir. En las últimas décadas, esta práctica, combinada con la sobreexplotación de los cangrejos como cebo de pesca, ha provocado el descenso de la especie en la región.

En 1990, los biólogos estimaban que había 1,24 millones de cangrejos desovando en la bahía de Delaware, una de las zonas de desove principales y un punto de recolección primordial para las farmacéuticas. Para 2002, la población había descendido a 335.500. En los últimos años, la cantidad de cangrejos que desovan en la bahía de Delaware ha oscilado en torno a la misma cantidad; el recuento de 2019 estimaba que había 335.211.

Capturar cangrejos y sacarles la sangre es un proceso prolongado y el lisado resultante cuesta más de 13.000 dólares el litro. En 2016, una alternativa sintética al lisado de cangrejos, el factor recombinante C (rFC), se aprobó como alternativa en Europa y varias farmacéuticas estadounidenses también empezaron a utilizarlo.

Pero el 1 de junio de 2020, la farmacopea estadounidense, que establece los estándares científicos de los medicamentos y otros productos en Estados Unidos, rechazó incluir el rFC en igualdad de condiciones con el lisado del cangrejo, alegando que no se ha demostrado que sea seguro.

A partir de julio, la empresa suiza Lonza empezará a fabricar una vacuna contra la COVID-19 para ensayos clínicos en humanos y tendrán que utilizar lisado en la vacuna si quieren venderla en Estados Unidos.

Un vuelvepiedras se come un cangrejo herradura en la bahía de Delaware, Nueva Jersey. Los crustáceos son una fuente de alimento vital para los vuelvepiedras y otras aves migratorias.

FOTOGRAFÍA DE DOUG WECHSLER, MINDEN PICTURES
Brummer señala que la salud y la seguridad humanas, sobre todo con algo tan importante como la vacuna contra el coronavirus, son primordiales. Pero ella y otros conservacionistas temen que, sin rFC u otras alternativas disponibles, la carga actual que soporta la sangre de los cangrejos herradura por las vacunas contra la COVID-19 y los fármacos relacionados podría poner en peligro a los cangrejos y los ecosistemas marinos que dependen de ellos.

Un comunicado escrito de Lonza señala que, para probar la vacuna anti-COVID-19 de la empresa, se necesitará una cantidad de lisado equivalente a la producida a lo largo de un día por tres fabricantes estadounidenses.

Uno de los tres —Charles River Laboratories, en Massachusetts— dio a National Geographic la misma estadística. John Dubczak, del laboratorio, explicó por email que para elaborar 5.000 millones de dosis para la vacuna contra la COVID-19, tendrán que realizarse 600.000 pruebas, que utilizarán la cantidad de lisado producida en un solo día.

"Esto no somete a una presión excesiva la cadena de suministro [de lisado] ni las poblaciones de cangrejos herradura", dijo Dubczak, director ejecutivo de desarrollo de reactivos y operaciones de programas piloto.