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Comer en la playa: 10 consejos claves para mantener hábitos saludables

Llega la época más esperada del año ¡las vacaciones!, y la playa resulta un destino ideal para desconectar y descansar. Relajarnos no tiene que significar volver a casa con unos kilos de más, podemos disfrutar sin abandonar nuestros hábitos alimentarios saludables. La receta está en saber elegir y organizarse:


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1- Nunca llegar a la playa con el estómago vacío. El riesgo de sufrir mareos o bajones de presión se acrecienta, considerando también que nos estamos exponiendo a elevadas temperaturas.

2- Comer cada tres o cuatro horas. Así nuestro organismo tendrá energía disponible para funcionar y llegaremos a la hora de la cena con menos ansiedad.

3- Agua todo el tiempo. Lo recomendable es beber entre dos y tres litros diarios, sin esperar a tener sed para hacerlo. En verano la necesidad de hidratarnos aumenta dado que las pérdidas por sudoración son mucho mayores. Otras alternativas para ello son el té, el mate, el tereré, los jugos naturales y las bebidas frescas sin azúcar (las gaseosas azucaradas no son recomendables dado que acrecientan la sensación de sed).

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4- Frutas y verduras, sin restricciones. Son alimentos indispensables para un saludable menú playero. Debido a su alto contenido de agua, al ingerirlas hidratamos nuestro organismo sin darnos cuenta y de manera muy rápida. Son portadoras además de una gran cantidad de vitaminas, fibra, minerales y antioxidantes naturales (que protegen las células de nuestra piel cuando nos exponemos al sol).

5- Stop a las tentaciones. La playa nos ofrece innumerables tentaciones y haber elegido previamente lo que vamos a comer colabora a evitarlas: ensaladas, yogurts, sándwiches de vegetales, barritas de cereal, frutas deshidratadas (orejones o pasas de uva), frutas secas (nueces o castañas), helados de agua, gelatinas con frutas, brochetas de pollo y verduras, pickles, rollitos de queso y jamón son algunas de las alternativas saludables recomendadas para llevar.

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6- Saborear y disfrutar cada bocado. ¡Estamos de vacaciones! Disponemos de tiempo más que suficiente para sentarnos y relajarnos a la hora de comer.

7- Comidas pesadas, out. La digestión de fritos y otros alimentos con alto contenido graso es mucho más lenta y, junto a las altas temperaturas, pueden provocar que nuestra tensión disminuya y empecemos a sentir malestar.

8- La heladerita portátil, una aliada imprescindible. Debemos conservar nuestros alimentos de manera adecuada y cuidar de no interrumpir la cadena de frío de carnes y lácteos: ingerirlos en mal estado puede traer consecuencias perjudiciales para nuestra salud.


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9- ¡Cuidado con las bebidas con alcohol! Aceleran la pérdida de agua: finalmente terminamos eliminando más líquido del que hemos consumido.

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10- Ponernos en movimiento sin exigencias. Una alimentación saludable debe estar siempre acompañada por la realización de actividad física. Una caminata junto al mar es un ejercicio más que suficiente. Ayuda además a relajarnos y a desconectar de nuestras preocupaciones, importantes beneficios para fortalecer nuestra salud emocional. Muy importante: evitar ese paseo en las horas centrales del día, en las cuales la acción de los rayos de sol sobre nuestros cuerpos se vuelve más nociva. Jugar al vóley, practicar running o participar de esas propuestas cada vez más frecuentes en los paradores como bailar o hacer aeróbic resultan otras divertidas opciones.

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